viernes, 22 de julio de 2016

EL RECONOCIMIENTO

La política del reconocimiento: ¿hay aún lugar para la universalidad? Anotaciones para el debate



Malfred Gerig

I. La lucha por el reconocimiento: una lectura de la Fenomenología del espíritu.

¿Hasta dónde podemos rastrear los orígenes de la filosofía social de la modernidad? ¿Cuál es la teoría del ser social de una época histórica cuyo principal logro es la afirmación de la inmanencia de lo humano? [1] En palabras de Axel Honneth “La filosofía social de la modernidad comienza en el instante en que la vida social se determinó conceptualmente como una relación de lucha por la autoconservación” [2]. Honneth nos coloca de entrada en una cartografía cognitiva de la modernidad en la cual la vida es siempre relacional, es decir, implica la existencia de un sujeto y su otro; y más allá, esta relación es de lucha, o lo que es lo mismo, conlleva algún nivel de conflicto. Por lo que la política moderna se diferencia de la política antigua en el hecho de que ésta última era inseparable de la ética, estando la realización de la naturaleza individual siempre sujeta a los contornos de una vida comunitaria [3]. Es con la aparición de cierta preocupación técnica relacionada con la seguridad de la vida o sobrevivencia que las preguntas de la política antigua se transforman, abriendo un trayecto por donde comenzará a circular la moderna filosofía social que se hará cargo de atender la cuestión de lo político. De manera que las obras de Nicolás Maquiavelo y Thomas Hobbes, y su teorización sobre el conflicto y la autoconservación, se convierten en fundamentos de la modernidad. La pasión que domina la nueva época será entonces la autoconservación.

Esta tradición que comienza con Maquiavelo, pero sobremanera con Hobbes, instalará como punto nodal de su preocupación a la cuestión del individuo. De esta manera se puede leer a esta tradición como una antropología del individuo, en la cual la afirmación de su independencia se convierte en el objeto a demostrar, para una filosofía política que, también a partir de Hobbes, busca emular a la “cientificidad” que posee la geometría luego del acontecimiento cartesiano. El estado de naturaleza será así el concepto clave para entender esta antropología de la independencia individual, cruzando trasversalmente las teorizaciones de Hobbes, Locke, Rousseau, Kant, entre otros. Los cuales, si bien se distinguen en los sustantivo de sus posturas, se siguen moviendo en una misma episteme que tiene como finalidad demostrar la autonomía e indivisibilidad de lo uno. No es casualidad, como lo dijera Marx, que el individuo sea un producto histórico y no una ontología inmutable como siempre lo ha querido plantear la hagiografía liberal.

Hegel no será ajeno a este respecto, en el comienzo de la sesión dedicada a la Sociedad civil en su Filosofía del derecho sentenciará: “La persona concreta, la cual, en cuanto particular, es a sí misma finalidad, como una totalidad de necesidades vitales y un mezcla de necesidad natural y de arbitrio, es el principio primero de la sociedad civil” [4]. Para Hegel el individuo sigue siendo el punto de partida, antes bien, sus razones se encuentran en las antípodas de las razones de los teóricos del estado de naturaleza. La lectura que Hegel hiciese de la ilustración escocesa tendrá profundas influencias en su concepción del individuo, llegando a entender las penetrantes transformaciones que el comercio había introducido en la subjetividad moderna. Si la reflexión de Hobbes se producía en un momento donde la definición de la propiedad eclipsaba el debate sobre lo político, por lo que la autoconservación servía como artefacto que explicaba la sociabilidad, el momento histórico de Hegel le obligaba a partir desde un lugar distinto. Ese lugar era la dependencia mutua que Hegel encontró en la Riqueza de las naciones de Adam Smith: “ésta es una sociedad creada por la economía política: una sociedad aún urbana o “burguesa” (bürgerliche), pero transformada por las realidades modernas del intercambio colonial” [5]. La burguesía luchaba por desplazar el debate político a un ámbito duplicado pero al mismo tiempo escindido: por un lugar quería afirmar su derecho al comercio, i.e., la enajenación de mercancías, pero por el otro luchaba por la afirmación de los derechos ciudadanos. En todo caso, la dependencia y el reconocimiento había desplazado el debate, otrora anclado en la autoconservación.

El proyecto intelectual de Hegel era entender mediante la reflexión especulativa ésta transformación desde una nueva filosofía. Su punto de partida, como ya dijimos, es el individuo. Sin embargo, su preocupación reside en romper con la visión del individuo como sujeto que razona a partir de y que en ese razonar es capaz de hacerse de la autoconciencia. De acuerdo con Hegel en el proceso de la autoconciencia el en sí es solo un momento insuficiente, a la espera de un segundo momento relacional donde se produce el contacto con lo otro. Así, la autoconciencia como signo del individuo, se convierte en un ir y venir desde el en sí hacia lo otro, con regreso al individuo en la forma de igualdad de sí mismo consigo mismo. Hegel intenta sustraerse de las posturas para las cuales la conquista de la autoconciencia se convierte en un movimiento tautológico donde el sujeto consigue su propia identidad: el yo de su yo [6].

Por tanto, la conciencia considerada de manera solo individual o aislada, es la extensión sensible del individuo, su percepción sensible. Al contrario, ésta percepción sensible entendida como primer momento de un devenir de la autoconciencia, asume una figura de negatividad. Por lo que el mundo de lo dado, capturado por la intuición sensible, es siempre tendiente a ser transformado. La autoconciencia asume el mundo sensible con inconformidad ya que la verdad de este mundo es la identidad, mientras que la verdad de la autoconciencia es la contradicción. Hegel asociará un primer momento individual con la lucha por la autoconservación, caracterizado por “el no ser en sí y el carecer de subsistencia propia” [7]; o lo que es lo mismo, la afirmación de la individualidad y la disputa por lo sensible como forma de conquista de la subsistencia. En este primer momento podemos situar a Hobbes.

A este momento de individualidad se lo contrapondrá el momento de la universalidad caracterizado por la sujeción de la subsistencia y el despliegue de las diferencias [8]. En este sentido la conquista de la universalidad se convierte en una fluidez de disputas y conflictos donde lo que está en juego es la oposición de lo individual con respecto a lo otro, y por ende la unidad de lo individual consigo mismo. En sentido estricto, para Hegel una individualidad o identidad que no atraviesa los parajes de la universalidad ­ – la contradicción y el conflicto por el reconocimiento− para luego retornar a se encuentra incompleta, ya que “la superación de la subsistencia individual es también su producción” [9]. Inmediatamente, en un troque dialectico, señalará la importancia del individualismo simple, es decir, del deseo individual, en el devenir de la universalidad genérica o conciencia universal. El deseo del otro se convierte en una negación al deseo de , produciéndose una contraposición de apetencias, marco en el cual la autoconciencia puede desarrollarse como síntesis entre el en sí y su otredad: “la autoconciencia solo alcanza su satisfacción en otra autoconciencia” [10].

Es en este punto donde encontramos la propuesta sustantiva de Hegel. En sus palabras: “la autoconciencia en y para sí en cuanto que y porque es en sí y para sí para otra autoconciencia; es decir, solo en cuanto se la reconoce” [11]. La esencia de la autoconciencia es su rechazo a la determinabilidad, la forma de este rechazo, que Hegel llama “desdoblamiento del concepto”, se da como reconocimiento de su particularidad otra [12]. Según Hegel, la condición de verdad de la autoconciencia es su capacidad de superar a la forma singular de la autoconciencia otra; lucha que le sirve tanto para conocer su esencia, como para revelar la verdadera forma del en sí. La otredad se convierte pues en la mediación por la cual pasa la autoconciencia en su objetivo de unirse consigo misma, sin embargo, esta mediación es realizada por todas y cada unas de las autoconciencias particulares, convirtiendo al proceso del reconocerse en una disputa sin cuartel por la identidad, o lo que es lo mismo por determinar quién es el reconocido y quién el que reconoce [13] .

La problematización de Hegel comienza donde los teóricos de la autoconservación daban las cosas por finalizadas, a saber, cuando el yo afirma su identidad, o en otras palabras, donde se contraponen dos o más autoconciencias por el reconocimiento. Las autoconciencias particulares buscan en primera instancia la afirmación de su singularidad, convirtiendo a la otredad en objeto para la consecución de este fin. “Pero lo otro –señala Hegel− es también una autoconciencia; un individuo surge frente a otro individuo” [14], de ahí que a cada particularidad le corresponda fungir de lo otro y del en sí, habitando la dialéctica creación/aniquilación dentro de sí: aniquilación a lo otro, creación de lo uno. La lucha por el reconocimiento es así la disputa de la autoconciencias particulares con el fin de elevarse por encima de la otredad como forma de afirmación del ser para sí.

Por consiguiente, en la lucha por el reconocimiento habita un antagonismo existencial en el cual elevarse por encima de la otredad se convierte en la única forma de afirmar la autoconciencia propia. Antes bien, este antagonismo no puede ser llevado hasta sus últimas consecuencias, ya que la conciencia al nacer del reconocimiento necesita de la otredad para poder afirmarse. Dicho en jerga hegeliana, la otredad es siempre la negatividad absoluta. Sin la otredad, no triunfa la afirmación de la particularidad, sino que al contrario “desaparece el juego del momento esencial” [15], es decir, la autoconciencia pierde la oportunidad de mutar cualitativamente mediante el reconocimiento de su otredad. En este lugar tiene origen la política del reconocimiento, a saber, donde distintas particularidades luchan por la afirmación de su propia autoconciencia, donde la disputa política se da por determinar quién reconoce y quien es el reconocido, donde es compartido entre las particularidades en conflicto que la “vida es la posición natural de la conciencia” [16] y que por tanto atentar contra la vida del otro es atentar contra la mutación cualitativa de la autoconciencia. In nuce, la política está presente donde existe una disputa por determinar cuál es la conciencia dependiente y cuál es la conciencia independiente.

II. La política del reconocimiento: conflicto y universalidad en el presente

¿Qué importancia tiene hoy la política del reconocimiento planteada por Hegel? ¿Acaso tiene algo que decir sobre el concepto de lo político? El multiculturalismo contemporáneo parece plantear un reconocimiento radical en el cual se diluye cualquier tipo de universalidad en nombre del consentimiento/reconocimiento a las particularidades e identidades de la otredad, sin permitirse cuestionamiento alguno por las formas de opresión que se dan a lo interno de estas particularidades. Por su parte, el imperialismo euroccidental se autoproclama como el único portador de la universalidad, realizando una identidad entre capitalismo, democracia liberal y derechos humanos, que inhibe cualquier reconocimiento de la particularidad, y por tanto elimina la universalidad. ¿Acaso debemos conformarnos con el problema planteado en estos términos? ¿Qué elementos teóricos nos permitirían ir más allá de esta diatriba en apariencia irreconciliable?

En primer lugar debemos, siguiendo a Hegel, descartar cualquier solución ingenua al problema del reconocimiento. La lección radical de Hegel es que en la lucha por el reconocimiento no hay reconocimiento mutuo; una particularidad es la que reconoce y otra es la reconocida. Exploremos un poco el problema en términos de la metáfora de dominación amo/esclavo [17]. El Amo es quien se relaciona con la otredad como conciencia independiente: “una conciencia que es para sí, que es mediación consigo a través de otra conciencia” [18]. El amo es quien ejerce dominio sobre una conciencia otra y dependiente, la cual inhibe su esencia y se despliega como ser para otro. Ese desplegarse como ser para otro es el acto que convierte al esclavo en la particularidad que reconoce, del mismo modo que en la negatividad que permite que el amo afirme su conciencia. ¿Acaso no es la existencia de particularidades sin vocación universalista en síntoma univoco del dominio del euroccidentalismo a escala global?

La disputa por la emancipación es así una lucha por no asimilar en un marco relacional la cualidad de negatividad. Es amo aquel que se dispone a la transformación del mundo y para ello subsume a la otredad como algo no esencial. La cuestión clave para la política emancipatoria es que este disponer del mundo que hace el amo insertando al esclavo entre él y la cosa lo relega a una posición de dependencia ante la cosa. En otras palabras: el amo al subsumir al esclavo en la condición de “negatividad funcional” al servicio de su goce se convierte en una conciencia dependiente. Ocurre en este punto lo que Hegel denomina el momento del reconocimiento, que no es otra cosa que los reconocimientos parciales: el amo pretende actuar como esclavo y el esclavo como amo; el esclavo afirma su identidad particular y el amo también a la manera de una universalidad abstracta.

La diatriba entre un reconocimiento particularista y una universalidad imperial abstracta es falsa en tanto que son dos momentos del mismo reconocimiento parcial; son dos formas de lo pos-político [19]. De esto hemos sabido mucho en el presente status quo geopolítico. Ante ello, de lo que se trata es de recuperar la política en su vocación universalista. ¿Qué quiere decir esto? Desde el siglo XIX, inspirada en el propio Marx, a los movimientos emancipatorios los guió una vocación meta-política de lo político, la cual preveía que el conflicto como condición sine quo non de lo social eran características de las sociedades divididas en clases, ergo al desaparecer la sociedad de clases desaparecería el conflicto. Si bien la tesis metapolítica en ningún momento buscaba relativizar la importancia del conflicto en el presente, se convirtió en un subterfugio moral ante las derrotas de la izquierda en el siglo XX, inconscientemente implicaba que más allá de dichas derrotas la victoria del proletariado era incuestionable.

El giro hacia una política del reconocimiento nos permite salir de la concepción metafísica según la cual el conflicto como ontología de lo político es reemplazable por una sociedad pos-política y en un mismo movimiento recuperar a lo político en lo que tiene de conflicto como ese universal capaz de subsumir distintas particularidades. Tempranamente, Carl Schmitt en un gesto anti-hobbesiano y con profundas implicaciones para la izquierda había planteado que “hoy en día [1969] ya no es posible definir lo político a partir del Estado, sino lo que aún puede denominarse « Estado » debe determinarse y comprenderse, a la inversa, a partir de lo político” [20]. Mutatis mutandis, leída desde la política emancipatoria: hoy en día ya no es posible definir lo político desde un futuro meta-político que nos aguarda, sino lo que aún puede denominarse emancipación debe determinarse y comprenderse, a la inversa, a partir de una política del conflicto por el reconocimiento.

Teniendo en cuenta el factum de un periodo histórico en el que el dominio omnímodo del liberalismo se está desintegrando progresivamente, dejando el tablero político abierto para que radicales y conservadores disputen una hegemonía histórica. Nos encontramos transitando un periodo de conflicto por determinar quién es el que reconoce y quién el reconocido, caracterizado porque las particularidades forcluidas históricamente luchan por su identidad, mientras que en la otra acera, el falso universalismo liberal es cada vez más incapaz de reconocer particularidades que no sea funcionales a la acumulación de capital.

En este sentido hacer política emancipatoria implica transformar el mundo y para ello subsumir a la otredad como algo no esencial. A este postulado la moral liberal replica enarbolando su capacidad de incluir a la otredad con su respectiva esencia. La pregunta que debemos hacer al liberalismo a este respecto es si para incluir/aceptar a las distintas particularidades se cuestiona la esencia de la particularidad o en cambio cómo ésta afecta o no la esencia del capitalismo: la acumulación de capital.

El debate sobre si el antagonismo social es superable en una metapolítica, o si hay una particularidad que en su condición de no tener parte de lo social le permite reclamar la universalidad, o si hay una particularidad construida retóricamente capaz de asumir una significación universal, sigue abierto [21]. La contribución de la política del reconocimiento es el retorno a la condición inmanente del conflicto donde, como ya se dijo, afirmarse por encima de la otredad es la única manera de acceder a la identidad. La pregunta central pasa a ser: ¿Es entonces lo político y el conflicto la manera donde puede hacer aparición un singular universal?


Notas
[1] Cabe resaltar que estas preguntas son solo posibles en la modernidad, es decir, a partir de que el ser humano se convierte en objeto de su propio saber y por tanto en lo que Foucault denominó un duplicado “empírico-trascendental”.
[2] A. Honneth, La lucha por el reconocimiento. Por una gramática moral de los conflictos morales, Critica, Barcelona, 1997, p. 15.
[3] Ibídem.
[4] G.W.F. Hegel, Rasgos fundamentales de la filosofía del derecho. O compendio de derecho natural y ciencia del Estado, Biblioteca Nueva, Trad.: Eduardo Vázquez, Madrid, 2000, p. 251, § 182.
[5] S. Buck-Morss, Hegel, Haití y la historia universal, Fondo de Cultura Económica, México, 2013, p. 27.
[6] G.W.F. Hegel, Fenomenología del espíritu, Fondo de Cultura Económica, México, 1966, p. 108.
[7] Ibídem, p. 110.
[8] Ibídem.
[9] Ibídem.
[10] Ibídem, p.112. Énfasis en el original.
[11] Ibídem, p. 113.
[12] Véase: Ibídem.
[13] Ibídem, p. 115.
[14] Ibídem, p. 115.
[15] Ibídem, p. 116.
[16] Ibídem.
[17] Nos parece sumamente sugerente la tesis de Susan Buck-Morss en su Hegel, Haití y la historia universal donde realiza un desplazamiento de la interpretación de Amo y esclavo en Hegel como metáfora, para rastrear su conexión con la lucha de los esclavos en Haití durante la Revolución. Véase: S. Buck-Morss, Hegel, Haití y la historia universal, cit.
[18] Ibídem, p. 117.
[19] La pos-política es la política negada y sustituida por la administración de las cosas.
[20] C. Schmitt, Teología política II. La leyenda de la liquidación de toda teología política, en Carl Schmitt, teólogo de la política (Antología), H. O. Aguilar prologo y selección de textos, Fondo de Cultura Económica, México, 2001, p. 404.
[21] Véase E. Laclau, La razón populista, Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires, 2005. Especialmente la II parte: La construcción de un pueblo; al igual que su encarnizado debate con S. Žižek rastreable en En defensa de causas perdidas, Akal, Madrid, 2005. Para un defensa de la metapolítica A. Badiou, Compendio de metapolítica, Prometeo editorial, Buenos Aires, 2008. Y para un argumento en contra de la metapolítica J. Rancière, El desacuerdo. Política y filosofía, Nueva Visión, Buenos Aires, 1996. 


Malfred Gerig es sociólogo por la Universidad Central de Venezuela. 

Fuente: Rebelion.org : 
http://www.rebelion.org/noticia.php?id=214779



sábado, 27 de febrero de 2016


FOTOGRAFÍA E IMÁGENES

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viernes, 8 de enero de 2016

EEUU: EDUCACIÓN SUPERIOR

El mito de la academia izquierdista

08-01-2016

Paul Street

El control ideológico de la universidad está íntimamente relacionado con la economía de la "educación superior" en la era neoliberal.



Profesores que profesan demasiado, son despedidos fácilmente cuando son contratados únicamente por un curso, un semestre o un año académico. Entre las muchas cosas absurdas de la derecha estadounidense, pocas afirmaciones son más ridículas que la común idea reaccionaria que las universidades y colegios de los Estados Unidos son focos de la Izquierda.

Confía en mí, lo sé. Tengo un Ph.D. (en Historia de los Estados Unidos), junto con un gran número de publicaciones académicas, siete libros publicados (con escritos y complementos en sus cubiertas de líderes académicos), un record de enseñanza evaluado positivamente, investigación financiada por la subvención, y un largo historial de charlas cono invitado en toda la nación y Cuba. He publicado más de 500 ensayos en forma impresa y en línea, muchos reproducidos en numerosos idiomas en todo el planeta. Mi investigación y comentarios han sido presentados en un gran número de lugares por los medios de comunicación, incluyendo el New York Times y CNN, Al Jazeera, y el Chicago Tribune.

Menciono esto no para presumir, sino para sostener mi argumento. Teniendo en cuenta que gran parte de mi escritura y conferencias han venido abiertamente de la izquierda radical anticapitalista, es lógico pensar que iba a tener un mínimo de demanda como docente y / o investigador, por un sistema académico que era en realidad izquierdista. Sin pretender ser el líder del mundo de la izquierda intelectual, creo que es justo decir que habría por lo menos algún tipo de posición mínimamente decente para alguien como yo en un sistema universitario de izquierda radical. La realidad es todo lo contrario: Yo tendría un poco más de oportunidad que una bola de nieve en el infierno de que me ofrezcan una modesta carrera académica en los EEUU de hoy.

Parte de la explicación de este curioso hecho tiene que ver con un cambio épico en los trabajos académicos que se remonta a más de tres décadas. En EEUU la "educación superior" se ha mantenido durante muchos años a la vanguardia de la reorganización neoliberal del mercado de trabajo. Convirtió una parte de los puestos de profesores a tiempo completo y con experiencia, en puestos de trabajo a destajo, temporales e híper-explotados, repartidos por cursos; una nueva subclase académica de aprendices permanentes con una situación precaria: los adjuntos. Según la Asociación Americana de Profesores Universitarios (AAUP), más del 50 por ciento de todos los profesores de EE.UU., hoy trabajan a tiempo parcial. Tales personas son "típicamente pagadas por curso, sin beneficios... Las posiciones temporales representan actualmente el 76 por ciento de todos los nombramientos de personal de enseñanza en la educación superior en Estados Unidos". (Fui empleado [mientras trabajaba para un doctorado] como profesor adjunto en seis diferentes instituciones del área de Chicago de "educación superior" por más de cinco años, al final del último milenio. El pago se redujo por debajo del salario mínimo federal).

La reducción del tamaño de la enseñanza universitaria, puede parecer irónico, se ha producido durante el mismo período en que la matrícula universitaria ha subido por las nubes. Pero el dinero que se obtiene por las altas matrículas -tan altas que ahora millones y millones de jóvenes adultos en Estados Unidos cargan durante muchos años con la deuda insostenible de sus años como estudiantes- no va más para sostener una investigación y enseñanza en serio. El dinero se usa en gran parte en las instalaciones, la tecnología y la construcción de nuevas capas de burocracia académica, llena de administradores muy bien pagados que carecen de la comprensión y la preocupación por el trabajo que hacen los académicos serios.

Lo último a lo que se destina es al empleo de profesores que estimulen a los estudiantes a analizar críticamente el sistema de educación superior neoliberal y las estructuras corporativas imperiales más amplias de poder y la desigualdad a la que el sistema sirve. Con un número cada vez menor de excepciones, el vigente (restante) número de profesores permanentes, entiende esto muy bien y no quiere poner en peligro su propia, relativamente cómoda, posición, ofreciendo críticas serias y sostenidas de las dictaduras no elegidas e interrelacionadas de dinero e imperio. (La escalofriante ausencia de oposición seria en los campus a la invasión monumentalmente criminal de George W. Bush en Irak, fue un síntoma de esta forma de pensar de corazón débil).

Los acobardados comités de contratación académicos saben muy bien cómo evitar problemas al traer al campus a alguien con más que simplemente una silla y con un seminario de política izquierdista. (Saber que tengo esa política es fácilmente comprobable a partir de una o dos búsquedas inteligentes de mi nombre en Google). Eso sería contaminar la academia con, "la política".

¿Y qué si la mayoría preponderantemente no-radical de académicos hacen lo que es política e ideológicamente valioso en el marco de las cuidadosamente construidas pretensiones absurdas de indiferencia, "objetividad" y "neutralidad"? ¿Y qué si transparentemente un gran número de agentes políticos de los Estados Unidos militar e imperial, y de establecimientos corporativos, regularmente ofrecen posiciones de prestigio y muy bien pagadas en los colegios y universidades de Estados Unidos? Esos profesores y sus publicaciones no representan una amenaza para los centros de poder concentrados que controlan en último término, la "educación superior". Su política no es un problema para los poderes fácticos. Son solamente profesores izquierdistas, instructores temporales y adjuntos que están en los márgenes de la academia los que reciben charlas de creación académica y regaños, como el libro de Stanley Fish, "Salven al mundo en su tiempo libre, y no con el dinero de la universidad”.

Si los comités universitarios de contratación tienen alguna duda acerca de la voluntad de las autoridades superiores para castigar a los profesores por llegar a ser "demasiado políticos" de la manera equivocada, se puede leer acerca de un número creciente de casos en la que académicos de izquierda (incluidos algunos profesores titulares, como Ward Churchill) han sido despojados de sus posiciones y esencialmente excluidos de la "educación superior" (como el brillante Norman Finkelstein) por transparentes razones políticas e ideológicas.

El control ideológico de la universidad está íntimamente relacionado con la economía de la "educación superior" en la era neoliberal. Profesores que profesan demasiado en formas que puedan ofender al poder concentrado son fácilmente prescindibles cuando son contratados únicamente por el curso, semestre o año académico. Los departamentos de contratación y los decanos pueden evitarse dolores de cabeza simplemente no renovando los contratos de los alborotadores. Profesores adjuntos e instructores temporales (glorificados "Profesores Asistentes" en muchas universidades) que deseen mantenerse en el mundo académico están bien instruidos de no sacudir los barcos doctrinales. Como señala el AAUP, "La relación de inseguridad entre los miembros del profesorado y sus instituciones puede enfriar el clima para la libertad académica... Profesores contingentes puede ser menos propensos a tomar riesgos en el aula o en el trabajo académico y el servicio... El libre intercambio de ideas puede verse obstaculizado por el miedo al despido por expresiones impopulares".

El poder de disciplina ideológica de la economía de la universidad neoliberal se extiende hacia abajo a los estudiantes. Es poco probable que estudiantes, que deben comenzar a pagar las exorbitantes deudas estudiantiles el día después que se gradúen, pasen sus años universitarios perfeccionando sus habilidades de pensamiento y de activistas críticos para convertirse en agentes eficaces de la justicia social y ambiental y el cambio revolucionario. Tienen que centrarse en los cursos que les ayudará a cosechar grandes salarios corporativos.

Mientras tanto, el alto costo de la matrícula universitaria la hace inasequible para los estudiantes de clase baja y trabajadora, que serían los más propensos a desafiar las jerarquías reinantes de manera significativa. Por esta razón, entre muchas otras, me resulta difícil lamentar mi ausencia de las salas ahuecadas de la educación superior. Jóvenes privilegiados o en camino de serlo no son mi prioridad, y cada vez más, son los de cuna de seda los únicos que quedan para mirar tibiamente al profesor, mientras revisan su Facebook en las clases.

Paul Street enseñará un curso sobre la Historia de los movimientos sociales en Estados Unidos, este mes de enero en el Instituto Mundial de ZNet para el Cambio Social.

Fuente: http://www.telesurtv.net/opinion/El-mito-de-la-Academia-izquierdista-20160104-0010.html

jueves, 7 de enero de 2016

MEXICO: PROFESORES Y ESTUDIANTES EN LUCHA

Libertad a profesores y estudiantes

07-01-2016

1. Más de 100 representantes de los maestros de la Coordinadora (CNTE) se reunieron en vacaciones en el auditorio de la Sección Novena del DF, para analizar y ponerse de acuerdo sobre las actividades que se realizarán en los dos próximos meses de enero y febrero con el fin de extender y consolidar el movimiento contra la reforma educativa privatizadora. Entre los puntos más destacados se brindó un apoyo total a los presos políticos en lucha, de manera particular a los cuatro profesores de la CNTE y a los 30 estudiantes presos en Sonora.

2. El presidente Peña Nieto y su secretario de Educación Aurelio Nuño se pasaron muy felices en fiestas de fin de año mientras gozaban la joda que le pusieron a maestros y estudiantes normalistas enchironados. Buena forma de joder a 34 familias de Oaxaca y Michoacán que se pasaron noches cerca de los reclusorios del Estado de México y de Sonora con la esperanza de estar cerca de sus familiares presos. Según el gobierno se les ha enrejado para que escarmienten y entiendan que contra el gobierno no se debe protestar, menos mentarle la madre.

3. Fue lo mismo que con mucha anticipación sufrió la locutora Carmen Aristegui cuando fue expulsada de su programa de radio por el hecho de denunciar al presidente Peña y a su mujer por los negocios alrededor de la “Casa Blanca” que adquirieron de un contratista también implicado en la construcción del ferrocarril México-Querétaro. Ella no se fue a la cárcel pero fue cesada del trabajo de manera fulminante. Nada pudo recuperar a pesar de fuertes apoyos que recibió en México y el extranjero. ¿No fue acaso una gran demostración de fuerza de Peña?

4. Según Peña y Nuño los profesores de la Coordinadora (CNTE) además de protestar en las calles contra la reforma educativa privatizadora, boicotearon además las pasadas elecciones tratando de impedir que se realizaran; por ello el gobierno los calificó de manera automática como “gente peligrosa” que no debería estar libre. ¿Cómo puede permitirse –declara el gobierno de Peña- que esos profesores sigan poniendo en peligro la paz que tanto trabajo le ha costado al gobierno para garantizar la libertad? El pueblo no perdona y cuando se presente la oportunidad igual castigo recibirán.

5. Los estudiantes normalistas, según el gobierno, se han atrevido a bloquear casetas de cobro de vehículos para protestar contra la falta de presupuestos en los internados normales rurales. Y para que no crezcan los movimientos de protesta en Michoacán por contar con un nuevo gobierno de la alianza PRI/PRD, enviaron hasta el Cefereso de Sonora a los 30 jóvenes presos. Es un punto que se anota el pinche gobierno para cerrar internados de Normales o para cambiarles sus programas al campo de la tecnología, el inglés y la computación, tal como ha sucedidos en muchas universidades.

6. Parece que el tal Nuño no la hizo; ya no será el candidato del PRI porque unió a todas las fuerzas, pero en su contra. Peña Nieto le entregó muchos miles de millones de pesos para repartir, le puso a la TV a su servicio y le garantizó todo el apoyo del ejército y la policía para someter a la CNTE, pero en lugar de ganarse simpatías despertó todo el repudio en su contra. Le va ganando el tal José Antonio Meade que pertenece al mismo equipo, sólo que él viene desde el panismo de Calderón. ¿Ello haría que Nuño desarrolle con mayor libertad su vena fascista contra los profesores de la CNTE?

7. El nuevo paro que prepara la CNTE tiene que poner el acento –además en la lucha por la aparición de los 43 de Ayotzinapa- en la libertad de los compañeros profesores presos en el estado de México, así como en los estudiantes de la cárcel de Sonora. También es necesario que los estudiantes de las otras Normales –que siempre han estado en lucha y parando cuando ha sido necesario- se organicen para dar la batalla por sus compañeros presos. Mientras tanto hay que seguir exigiendo organización del pueblo para acabar con este sistema capitalista explotador y opresor.

Blog del autor: http://pedroecheverriav.wordpress.com

miércoles, 22 de abril de 2015

ESPAÑA Y EL ABANDONO ESCOLAR

España, a la cabeza de Europa en abandono escolar

Ana Álvarez

22-04-2015

Los últimos indicadores educativos publicados por Eurostat siguen colocando al Estado español a la cabeza en tasa de abandono escolar, a pesar de una reducción progresiva de la cifra.

El pasado lunes se hacían públicos los datos de Eurostat referidos a los objetivos educativos fijados de cara a 2020. El principal indicador era la tasa de abandono escolar, en la que España sigue estando a la cabeza con un 21,9%, casi el doble de la media europea, que se sitúa en un 11,1%, y por delante de países como Malta, Rumanía, Italia o Portugal.

El dato de España significa una mejora sustancial frente al índice que presentaba el país en 2006, cuando la cifra se situaba por encima del 30%. Los motivos de la mejora se localizan más en un cambio del mercado laboral que en la mejora del sistema educativo. "En la medida en que se acaba la burbuja, los estudiantes se quedan porque no les queda más remedio. Ya no hay un mercado laboral con la agresividad que tenía antes, donde a cualquier estudiante le estaban diciendo que iba a ganar más si se incorporaba a una obra en una construcción que si continuaba en el sistema educativo", explica el catedrático en pedagogía de la Universidad de A Coruña Jurjo Torres.

Torres argumenta incluso que esta mejora se ha producido "a pesar de la política educativa" y cómo "se ha mejorado mucho, en una situación en la que las políticas que lanza el Ministerio son realmente agresivas y muy segregadoras". "Es un Ministerio que está únicamente dedicado a evaluar, en función de criterios que ellos desean para seguir legitimando ante la opinión pública sus políticas pero no dedican ningún esfuerzo a lo que es actualización del profesorado, recursos para las escuelas, materiales más adecuados para que los estudiantes puedan trabajar, reformas curriculares para hacer un currículum auténticamente relevante", explica Torres, que cree equivocada la inversión en sistemas de evaluación. "La cantidad de dinero que se está gastando en organismos como el INEE (Instituto Nacional de Evaluación Educativa) y otras agencias de evaluación redundaría más si se incidiese en otro tipo de aspectos". El programa de evaluación Pisa, dependiente de la OCDE, por ejemplo, no es una prueba gratuita, y "le cuesta mucho dinero al Estado y a las Comundades Autónomas".

La falta de inversión educativa en los centros con más necesidades se señala como otro motivo para que esta cifra de abandono siga estando a la cabeza de Europa. "No se ha bajado más porque coincidió con unas políticas muy agresivas del Ministerio de no incidir en el tipo de cuestiones que tienen que ver con la calidad de la enseñanza, sino que al revés, aumentaron las ratios, y eso donde más se nota es en los colegios públicos ubicados en las zonas más deprimidas y con poblaciones más desfavorecidas, que es donde hay un mayor abandono", defiende Torres. "Las estadísticas que lanza el Ministerio, cuando tomas los datos en bruto, dan la sensación de que se trata de una lotería y que todo el alumnado tiene la misma posibilidad de entrar en ese 21%, y no es así, siempre son los mismos. Dígame qué Comunidades Autónomas y, dentro de éstas, qué tipos de centros son lo que tienen más problemas y vas a encontrar a los pobres, los migrantes...". Sin embargo, el catedrático denuncia que "se está primando a los colegios que tienen buenos resultados", cuando deberían invertirse recursos en los centros más desfavorecidos.